Él, endulzaba su humeante café mientras mientras coqueteaba de una forma muy directa con la chica del expendio de alimentos ubicado en el andén de la central de autobuses de Morelia, donde un pequeño mostrador exhibía en su vitrina, unas sabrosas gorditas, (supongo que eran muy sabrosas porque siempre me quedé con las ganas de comerme aunque fuese sólo una, pero ni pensarlo, no podía darme esos lujos), además de su variedad de dulces y chicles que ofrecían a los pasajeros de tan concurrida central camionera.

Recuerdo que era muy común golpearnos la cabeza con el vidrio de la ventanilla del autobús y llegar a nuestros destino con algunos “chipotes” por que siempre nos vencía el sueño y con los brincos y curvas de la carretera y ya dormidos rebotaban nuestras cabezas en los cristales, Ja, ja, ja, qué tiempos aquellos!


Era la mañana del 29 de agosto de 1981, había llovido fuertemente en algunas regiones durante la noche en nuestro viaje de Morelia a Carácuaro.

Recuerdo, ese día llegamos temprano y eran como las nueve de la mañana, estaba queriendo desayunar en mi casa, cuando escuché gritos de vecinos diciendo:

“El río está hechando bastante agua, está bajando la creciente y ya casi va a tumbar el puente”.

Yo había ahorrado y me compré en Morelia una cámara fotográfica Kodak con un rollo nuevecito de 36 diapositivas, que cuando se terminaba, lo llevábamos al laboratorio de revelado; con mucha premura hice mi almuerzo a un lado y corrí a tomar mi cámara que estaba en mi mochila, para poder capturar algunas fotos.


Cuando llegué a la orilla del río ya había varios vecinos del Plan observando y comentando sobre el inusual espectáculo metereológico y las personas mayores hacían remembranzas y comparaciones con la creciente del año 1955, mientras el agua estaba como a un metro del piso del puente, pero estaba subiendo su nivel rápidamente, era muy impresionante ver tanta agua.


Yo comencé a tomar fotos y sin medir consecuencias me dirigí a cruzar el puente ignorando los regaños de mi madre.

Recuerdo que me paré en medio del puente y se sentía el cimbrar de la estructura y era muy impresionante sentir y escuchar el rugir ensordecedor del agua que a veces me salpicaba y que se abría paso a velocidades y fuerzas inimaginables y devastadoras.

Con todo y mi estúpida acción que estaba cometiendo, logré tirar un par de fotos y salí corriendo por que el agua amenazaba con mojarme los pies.

Lo que hace la inexperiencia y la juventud, no medimos consecuencias, pudo haber sido fatal.

Cuando estaba del lado opuesto, del lado del centro, ya me fue imposible regresar, el agua ya estaba rebasando el pasamanos del puente y ya había roto parte de este.


Seguí tomando fotos desde ese ángulo y después me fui al Puertecito y bajé por la calle del Balseadero, el agua ya estaba exactamente donde comienza la subida de la calle, actualmente está la carnicería de Jorge Gómez, y antiguamente fue la casa de mis abuelitos paternos pero la creciente del Río en 1955 se las tumbó; ahí también tomé varías fotos.

Subí por el callejón donde vivía Pancholín y salí por donde está la casa de Don Fermín Mercado, ahí era una vereda, actualmente ya es calle, y me dirigí hacia el puente “grande” de arcos y salí por donde está la casa de Don Goyo Peñaloza y la casa de Don Raúl Ortega, ahí también estaba mucha gente presenciando el tan maravilloso espectáculo; preciso saqué mi cámara que llevaba cubierta con una bolsa de plástico para protegerla del agua, aunque ya no llovía y seguí tomando fotos.

El agua estaba casi al ras del puente pero me arriesgué de nuevo y comencé a cruzar el puente hacia el otro lado, no podía quedarme del lado del centro, tenía que regresar a mi casa en El Plan y la única vía era por La Colonia.

De nuevo cuenta, cuando estaba a medio puente de arcos, el piso ya tenía agua por que ya se estaba brincando por encima de este, más sin embargo, me detuve por unos instantes y tomé algunas fotos, pero mi corazón estaba muy acelerado, era demasiado atrevimiento de mi parte hacer estos desafíos.

Logré cruzar corriendo y donde estaba la casa de Don Virginio Vargas tomé de nueva cuenta algunas fotos, ya las ultimas fotos que recuerdo, las tomé del voladero antes de llegar a La Colonia.


Ese día fue de muchas emociones para mi, pero no dejaba de maravillarme por tan bonito espectáculo

Cuando pude regresé a Morelia, imprimí las fotos y recuerdo que los del laboratorio me hacían preguntas, estaban muy asombrados de ver un río con tanto poder en su afluencia pluvial.

Algunas fotos mías, como alguna de estas, las he visto circulando en las redes sociales, otras están en casas de familias del pueblo, pero yo no conservo ninguna.

¿Cómo terminé sin conservar una sola fotografía de ese evento tan maravilloso que me tocó vivir?

Esa ya es otra historia que me la reservo.

Su siempre amigo.

José Luis Cortés Guzmán. 🤠