La violencia cuesta a Centroamérica 8% de su PIB, es decir, unos 20,000 millones de dólares; en el país es necesario desarrollar el sureste para vacunarlo de los efectos sociales centroamericanos, que son muchos y dolorosos

Independientemente del subdesarrollo que caracteriza a los países del Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador tienen la amenaza de terremotos y erupciones de volcanes, y si bien estos últimos representan una estética del paisaje son una zozobra para la población).

En el pasado, las erupciones de volcanes marcaron el territorio de estos países, particularmente de El Salvador y Guatemala.

La explosión de la caldera del volcán Ilopango tuvo consecuencias devastadoras en El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Y un terremoto destruyó la ciudad de Antigua, Guatemala, dejando vestigios de una ciudad maravillosa, motivo por el cuál tiene un gran turismo. En Guatemala se dice: “¿A dónde ir que no tiemble?”.

En México, el atraso económico del sureste mexicano se asimila mucho a los países centroamericanos.

Y se separa cada vez más con el desarrollo dentro de México de los estados del centro-norte, haciendo una dicotomía regional: el centro-norte que se desarrolla y el sur y sureste que se estancan.

Por ello, es importante la iniciativa del gobierno mexicano de realizar programas de desarrollo económico para el sureste, que le permitirá superar el enorme rezago en que se encuentra.

Las migraciones centroamericanas de población hacia Estados Unidos, pasando y parcialmente quedándose en México, son el reflejo del atraso y la violencia, dos caras de la misma moneda.

Dos datos reveladores: uno, en Honduras el gasto para enfrentar la criminalidad y hacer algo para la prevención representa 19% del PIB, 11 veces más que el de México, de suyo alto, de 1.7% del PIB; el gasto militar de estos países significa una alta proporción del gasto público, de 20 por ciento. ¿Qué queda para el desarrollo económico y social? La respuesta es casi nada.

De seguir con la devastación de los deseos humanos, de la fantasía y de la productividad, es previsible que Centroamérica se convierta en un infierno. Se necesita una solución de Estado, que vaya más allá de contenciones migratorias.

En los 80 logró evitarse una guerra al surgir el Grupo Contadora, instancia diplomática de varios países vecinos interesados en evitar la carrera de violencia que se estaba creando. Ese grupo tuvo éxito y se evito crear un Vietnam centroamericano.

Existe por parte del gobierno mexicano claridad de que conjuntamente con el gobierno de Estados Unidos se podrían desarrollar proyectos de inversión básicamente de infraestructura para superar las condiciones actuales de Centroamérica . Pero esta posibilidad es remota mientras Donald Trump gobierne EU, al igual que hace dos décadas en que surgió la idea de un proyecto apoyado por el gobierno norteamericano denominado El Plan Puebla-Panamá, que terminó en el olvidó.

Si la violencia le cuesta a Centroamérica 8% de su PIB, o sea 20,000 millones de dólares, para construir instituciones para el desarrollo y canalizar inversiones públicas y privadas en la infraestructura, se requieren montos de gasto de 100,000 millones de dólares.

En México es necesario desarrollar el sureste para vacunarlo de los efectos sociales centroamericanos, que son muchos y dolorosos. Se trata del estancamiento, de la criminalidad y de la pobreza.

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.

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